Diario de estudio ·
RAW, JPEG o TIFF: qué archivos pedir a tu fotógrafo
El formato que necesitas depende del uso final de las fotografías. Para web suele interesarme entregar archivos preparados y ligeros; para imprenta necesito conservar más información y adaptar tamaño y color al destino. El RAW es mi archivo de trabajo, no la fotografía terminada que normalmente entrego.
El formato correcto depende de dónde va a terminar la fotografía
Cuando alguien me pregunta si debe pedir RAW, JPEG o TIFF, mi primera pregunta es para qué necesita los archivos. El formato no debería elegirse por pensar que uno es siempre mejor que otro. Cada uno ocupa un lugar diferente dentro del proceso.
Una fotografía preparada para una web no tiene las mismas necesidades que un archivo destinado a una pieza impresa. Tampoco utilizo necesariamente el mismo archivo para trabajar internamente que para entregar el resultado terminado.
Por eso prefiero empezar por el destino. Si sé dónde se van a utilizar las fotografías, puedo preparar los archivos de una manera más útil. Esto incluye formato, tamaño, resolución y tratamiento del color.
En una sesión comercial no considero la entrega como un paso independiente. Forma parte del encargo. Una imagen puede estar bien realizada y, sin embargo, llegar al cliente en un archivo poco adecuado para el uso previsto. Mi trabajo es evitar esa desconexión.
Qué es un archivo RAW y para qué lo utilizo
El RAW es el archivo de trabajo que genera la cámara y conserva la información necesaria para desarrollar posteriormente la imagen. Es el punto de partida del proceso, no el resultado final.
Cuando trabajo una fotografía parto de ese archivo para ajustar aspectos como el equilibrio general, la interpretación del color, las luces, las sombras y otros elementos de la imagen antes de continuar con el tratamiento correspondiente.
Por eso suelo comparar el RAW con un negativo digital. Tiene sentido dentro de mi proceso porque todavía necesita ser interpretado y terminado. Entregarlo directamente sería parecido a entregar una fase intermedia en lugar de la fotografía preparada.
Además, un RAW no está pensado para utilizarse directamente en una web, un catálogo o una pieza de comunicación. Necesita pasar por un proceso de revelado y exportación.
El RAW es el punto de partida de mi trabajo. La entrega debería ser la fotografía terminada y preparada para el uso que necesita el cliente.
JPEG: práctico para web y muchos usos habituales
El JPEG es un formato muy práctico para la entrega de fotografías terminadas. Permite generar archivos fáciles de utilizar y compatibles con una gran variedad de aplicaciones.
Para web suele ser especialmente útil porque puedo preparar una imagen con unas dimensiones adecuadas para pantalla y un peso razonable. No tiene sentido enviar siempre el archivo más pesado posible si después va a utilizarse en un espacio relativamente pequeño dentro de una página.
La preparación correcta evita dos extremos. Por un lado, un archivo innecesariamente grande que complica la gestión. Por otro, una imagen demasiado reducida que después tiene que ampliarse y pierde calidad.
Un JPEG puede estar perfectamente preparado
A veces se interpreta la palabra JPEG como sinónimo de archivo de poca calidad. No es una buena manera de verlo. Lo importante es cómo se ha generado, qué tamaño tiene y para qué uso se ha preparado.
Un JPEG terminado puede ser exactamente lo que necesita una tienda online, una web corporativa o determinadas piezas digitales. La clave es que la exportación responda al destino final y no sea un archivo preparado sin conocer dónde se utilizará.
Cuándo tiene sentido un TIFF
El TIFF suele tener sentido cuando necesito mantener un archivo de alta calidad para determinados flujos de impresión, edición o archivo. Permite conservar mucha información en una imagen ya desarrollada y terminada.
Eso no significa que deba entregar siempre TIFF. Son archivos que pueden resultar considerablemente más pesados y no aportan una ventaja práctica en todos los destinos. Para una página web, por ejemplo, normalmente interesa preparar otra versión más adecuada.
En cambio, cuando una fotografía va a entrar en un flujo de producción gráfica o necesita conservarse como archivo de trabajo terminado con mayor margen, el TIFF puede ser una opción útil.
Por eso puedo preparar diferentes entregas a partir de una misma sesión. Una versión destinada a uso digital y otra pensada para producción gráfica pueden convivir sin problema. Lo importante es saber que cada archivo responde a una finalidad concreta.
Qué resolución pedir para web y para imprenta
Cuando hablamos de resolución, prefiero evitar una cifra aislada sin conocer el destino. Para preparar correctamente el archivo necesito saber primero qué tamaño tendrá la fotografía cuando se utilice.
En web trabajo pensando en las dimensiones que tendrá la imagen en pantalla. Entregar una fotografía preparada para un uso mucho mayor del necesario puede añadir peso sin mejorar realmente su presentación dentro de la página.
En impresión tengo que relacionar el archivo con el tamaño físico al que se va a reproducir. Una fotografía destinada a una pieza pequeña y otra preparada para un soporte de mayor tamaño no tienen exactamente las mismas necesidades.
Por eso, si una imprenta o un diseñador va a recibir el material, recomiendo conocer sus especificaciones antes de exportar. Así puedo preparar el archivo para el flujo real en lugar de aplicar una configuración genérica.
Lo mismo ocurre con los recortes. Si una fotografía va a utilizarse en varias proporciones, necesito saberlo antes. Puede ser conveniente entregar una imagen con margen suficiente o preparar versiones específicas para determinados formatos.
Los perfiles de color también importan
El formato del archivo es solo una parte de la entrega. También tengo que considerar cómo se interpreta el color. Un perfil de color proporciona información para que distintos programas y dispositivos entiendan de una manera coherente los valores de la imagen.
En trabajos destinados a pantalla preparo los archivos pensando en ese entorno. Cuando entran en un proceso de impresión, puede ser necesario adaptar la entrega a las especificaciones del proveedor que producirá la pieza.
Por eso no recomiendo cambiar perfiles de color sin saber por qué. Una conversión realizada simplemente porque alguien ha oído que determinado perfil es mejor puede generar un resultado distinto del esperado.
Si una imprenta necesita una preparación concreta, lo mejor es conocer esa información antes de generar los archivos definitivos. Así puedo trabajar desde una indicación clara y no desde una suposición.
Qué pedir realmente al terminar una sesión
En lugar de pedir un formato concreto por costumbre, recomiendo explicar los usos. Es una información mucho más útil para mí como fotógrafo.
Si las fotografías van a utilizarse en ecommerce, web, catálogo e impresión, puedo plantear la entrega teniendo en cuenta esos destinos. Quizá interese disponer de diferentes versiones del mismo material en lugar de intentar que un único archivo resuelva todo.
También conviene preguntar qué se entrega exactamente. Formato, dimensiones, resolución y perfil de color pueden quedar definidos dentro del flujo de trabajo. De esta manera, cuando recibes los archivos sabes cuál debes utilizar en cada situación.
No suelo entregar el RAW porque no es el resultado terminado. Forma parte de mi proceso, del mismo modo que la selección y el tratamiento forman parte de cómo llego a la fotografía final.
Para mí, una buena entrega no consiste en proporcionar el archivo técnicamente más grande. Consiste en entregar fotografías terminadas, bien preparadas y adecuadas al soporte en el que van a trabajar. Cuando conozco el uso desde el briefing, puedo tomar esas decisiones con bastante más precisión.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el fotógrafo no suele entregar los archivos RAW?
Porque el RAW es un archivo de trabajo y no la fotografía terminada. Lo utilizo como punto de partida para desarrollar la imagen, ajustar su interpretación y realizar el tratamiento necesario. Después genero el archivo final en un formato adecuado para el uso acordado, como web, impresión o archivo.
¿Es mejor pedir JPEG o TIFF?
Depende del destino. El JPEG resulta práctico para web y muchos usos digitales porque permite preparar archivos manejables y compatibles. El TIFF puede tener sentido dentro de determinados flujos de impresión, edición o archivo. Prefiero conocer dónde se utilizarán las fotografías y preparar cada versión específicamente para ese uso.
¿Qué resolución necesito para imprimir una fotografía?
La resolución necesaria depende del tamaño al que se imprimirá y de las características del proceso de producción. Por eso prefiero conocer las especificaciones de la imprenta o del diseñador antes de preparar el archivo definitivo. Una cifra aislada no explica correctamente las necesidades de todos los tamaños y soportes.
¿Por qué importa el perfil de color de una fotografía?
Porque ayuda a que los programas y dispositivos interpreten de forma coherente la información de color del archivo. La preparación puede variar según el destino de las fotografías. Para impresión recomiendo conocer las especificaciones del proveedor antes de convertir los archivos, mientras que para pantalla preparo una versión adecuada a ese entorno.